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ENTRE TALLIN Y TARTU
Con
ocasión de una reciente reunión del Comité Director de
FIJET, he tenido ocasión de hacer un bello recorrido por
Estonia, país pequeño, en gran medida isleño, donde por
eso el transporte más habitual me ha parecido que es el
ferry, que también comunica con Helsinki, Estocolmo y
otras importantes ciudades, facilitando la visita a otras
capitales que, por mar, se encuentran bien cercanas.
Aparte de otros lugares, todos ellos interesantes, nos
hemos detenido bastante en la visita de la capital, Tallin
y en la universitaria y culta ciudad de Tartu.
LA ANTIGUA TALLIN, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD
La
parte antigua de Tallin forma parte del patrimonio
medieval de la humanidad seleccionado por la UNESCO y su
recorrido incluye la muralla, que dispone de 26 torres de
defensa, con entrada por la de Viru. En ese ámbito se
encuentra la llamada Plaza del hall de la ciudad, -un
bellísimo lugar flanqueado por edificios singulares entre
los que se destaca el de la torre gótica de igual nombre y
la farmacia en la que nada ha cambiado desde 1404. Hay que
destacar el palacio del Ayuntamiento, donde aparte de un
refrigerio, se nos ofreció un maravilloso concierto de
jazz. Es majestuoso el monasterio dominico de Santa
Catalina, de mediados del siglo XIII y, entre las varias
catedrales, hay que distinguir la de Alexander Nevski con
sus torres rusas en forma de nenúfares, la luterana, y las
iglesias de San Juan, San Miguel y San Nicolás. El
castillo Trompea es otro ejemplar de singular bellaza y
hoy sede del Parlamento, construido a caballo entre los
siglos XIII y XIV. No deja de ser curiosa la influencia
cristiana en todos estos edificios, donde se ofrecen
murales alusivos a pasajes bíblicos de muy notable
interés. El interior de unos y otros ha sido bastante
conservado, de modo que uno puede pensar que está viviendo
en la época respectiva, incluyendo los amplios comedores –
en uno de los cuales cenamos – y los retretes, que
conservan el modo y forma que adoptaban cuando no había
agua corriente ni tuberías directas a las alcantarillas.
MÚSICA Y CANCIONES EN LOS PARQUES
Los
edificios más modernos de la ciudad forman el distrito
central en el que destacan las librerías, las
casetas-tiendas de flores, semejantes a la zona madrileña
de la Cuesta Moyano, aunque cambiando los libros por los
colores de todo tipo de plantas, los cafés y los parques.
Estos, frecuentemente animados por grupos musicales que
alegran al paseante y a los que toman el sol en los
bancos, pues, aunque podamos tener la idea de que el país
es frió, el tiempo era espléndido, al menos el pasado mes
de Abril.
Otro ámbito lo constituye el puerto, siempre con los ferry
en movimiento y dotado de un buen número de tiendas donde
comprar de todo, desde fruta a estupendas obras pictóricas
de artistas locales, pasando por ropa, recuerdos y todo lo
que uno quiera imaginar.
LA UNIVERSITARIA TARTU
A
unas dos horas en autobús, hacia el Sur, se llega a Tartu
desde la capital, pero puede hacerse el recorrido también
en tren. Es la ciudad más antigua de Estonia, y tiene una
población de poco más de de cien mil habitantes. De muy
cómoda visita a pie, ofrece el destello cultural típico
de las ciudades universitarias, desde que, en 1632,
fundara una aquí el rey Gustavo Adolfo de Suecia. Su
catedral, arruinada, se recupera poco a poco entre el
respeto al pasado y el afán de cicatrizar las heridas de
las guerras, y la iglesia de San Juan ofrece un panorama
muy original pues contiene un millar de figuras de
terracota. Otras varias catedrales, como la ortodoxa de
San Jorge el Conquistador o la católica de la Virgen María
o las de San Pedro o San Pablo, conservan piezas
artísticas admirables. La importancia cultural de la
ciudad se explica con la existencia de nueve teatros,
mientras que el número de museos sobrepasa los veinte, y
aunque todos son de verdadero interés, me llamó
poderosamente la atención el de juguetes que me permitió
regresar a la niñez, ya que, al fin y al cabo, los
estonios parece que han jugado con similares artefactos o
muñecas a los que recibíamos por Reyes los niños españoles
de la posguerra.
GASTRONOMÍA ORIGINAL Y BUENOS ALOJAMIENTOS
La
ribera del río y la zona de casas de madera ofrecen
perspectivas que conciertan el paisaje romántico con la
conservación del pasado, hasta el punto de poder hacer
una corta navegación en un pretendido barco vikingo.
Tanto en Tallin como en Tartu, no quiero olvidarme de
aludir a la bonhomía de sus gentes, amables y
extrovertidas, muy interesadas por saber qué pensamos
otros europeos de su nación. En cuanto a la gastronomía me
pareció muy típica, y en varios lugares se nos ofreció al
estilo más actual, que supera ya la llamada “nouvelle
cuisine” y podría llamarse “cocina de investigación o de
laboratorio”. Hay, además un gran interés en ofrecer los
almuerzos o las cenas la en un ambiente festivo y
agradable, sazonándolos frecuentemente con intervenciones
de grupos artísticos o teatrales, generalmente de gran
calidad, lo que hace más ameno el refrigerio. En cuanto a
alojamientos, también cabe elegir al gusto del visitante,
entre una variedad suficiente. El Radisson Sas fue para
nuestro grupo un magnífico lugar en Tallin, por hallarse
muy céntrico y disponer de comodidades y buen servicio.
MIGUEL ÁNGEL GARCÍA BRERA
VICEPRESIDENTE DE FIJET
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