Apatía dolorosa en
el “caso TRD” de Salamanca
La siesta en la que
permanecen sumidas las autoridades locales frente a las averías, retrasos y
malas condiciones de servicio de los trenes regionales que parten y llegan a
Salamanca se ha convertido ya en una lamentable vergüenza y viene a demostrar
que en esta patética ciudad se sigue “pasando olímpicamente” del sector
turístico. Otro gallo cantaría si de monjas curas y piedras se tratara.
Los casos que han afectado a
miles de pasajeros forman una montaña de tal calibre que no puede saltarse con
una mera declaración de intenciones respecto a futuras e hipotéticas medidas de
protesta.
El Ayuntamiento, La
Diputación, la Subdelegación del Gobierno, los representantes de los
empresarios, los líderes vecinales y los partidos políticos, que se han
movilizado con loable diligencia en otros casos, no tienen excusa para poner a
Renfe y al Ministerio de Fomento contra las cuerdas de su ineptitud.
A mi, particularmente, poco
me importa, si unos papeles están en Salamanca, en Barcelona o en las Chimbambas.
Lo que quiero es llegar a mi destino a su hora y no tenerme que bajar en mitad
del campo por una de las acostumbradas averías de los TRD (Trenes Roñosos
Desvencijados)
Salamanca no puede
permitirse por un día más el lujo de mantener unas comunicaciones penosas por
ferrocarril, con trenes que se caen a pedazos e impuntuales. Ante la previsión
de que el AVE tardará muchos, pero muchos años en llegar o, no llegará nunca;
las autoridades deben liderar la indignación por un mal que afecta a 400.000
viajeros, a los que Renfe está espantando hacia el autocar o el coche
particular; con mayor riesgo que el tren.
Luego nos quejamos de que el
Turismo desciende forma alarmante. ¡Si es que los echamos a patadas!
Juan Luján.
Periodista. Miembro de FijetEspaña. Director de Cronica del Turismo