“El turismo rural está de moda”
“El turismo rural está de moda”, oímos y leemos con demasiada
frecuencia, algo que desde este editorial nos atrevemos a negar, o al menos a
decir que no es la mejor manera de describir la situación actual. Después de más
de diez años en continuo crecimiento –en el número de clientes, de
establecimientos, de ingresos- no se puede hablar simplemente de una moda, de
una fiebre pasajera o de una tendencia que, antes o después, morirá. Que nadie
lo dude: el turismo rural es una realidad consolidada, firmemente asentada en
España y con una solidez empresarial indiscutible.
Su expansión fue posible gracias a los fondos europeos y sus
beneficios en el panorama turístico nacional han sido muy grandes, sobre todo en
aquellas zonas que más lo necesitaban por su lejanía a los circuitos
tradicionales o por su oferta menos convencional. Ha triunfado en el interior y
en la España verde, complementando así una oferta ya saturada en zonas de playa
o más masificadas. Castilla y León, por ejemplo, ocupa el primer lugar en cuanto
a viajeros alojados en establecimientos rurales y su implantación ha supuesto
una fuente de recursos providencial para muchos pueblos casi abandonados.
Y aunque sin darnos cuenta, el turismo rural también ha
revolucionado nuestros hábitos favoreciendo un mayor número de viajes, más
cortos y a buen precio. Ha creado un viajero que quiere descansar pero también
muy inquieto, que encuentra en los alojamientos rurales un pretexto para
practicar senderismo, montar a caballo o conocer la cultura local. Un mérito que
debemos a las iniciativas de los propietarios que, en la mayoría de los casos,
ofrecen alternativas infinitas para que el visitante disfrute de su fin de
semana.
Tampoco debemos caer en la autocomplacencia. La oferta ha crecido
mucho… y muy deprisa, descuidando los criterios de calidad. Miles de
alojamientos exhiben la etiqueta de rural, pero no todos cumplen las condiciones
que hacen de una casa rural un alojamiento singular y muy diferenciado del resto
de la oferta hotelera. Debe existir un control riguroso que lo garantice, si no
queremos acabar con un modelo de éxito.
Juan Luján.
Periodista. Miembro de FijetEspaña. Director de Cronica del Turismo